Tiene tres mensajes nuevos…

Miguel entró en casa. Dejó las llaves del coche sobre la mesilla y pulsó el botón de su grabador de mensajes.

“Tiene dos mensajes nuevos en su buzón de voz…”

  1. Mensaje recibido a las 11:34. Muy buenas Miguel, soy Carlos. Se acaba de efectuar el ingreso en tu cuenta. 94.000.000 de euros. Enhorabuena!
  2. Mensaje recibido a las 12:31. Hola Miguel, soy Ana tu doctora. Llevo toda la mañana intentando contactar contigo pero no coges. Ya tenemos el resultado de las pruebas… Lo siento.

tiene tres mensajes nuevos...

Por Ander García Martinez

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A ver si suena la flauta

[:es]

     Sonó el teléfono… Martín recibió la llamada:

     —Mañana a las 10:00 en la esquina del bar…—colgaron.

     Martín se empezó a poner muy nervioso. Llevaba tanto tiempo esperando el momento. No se lo podía creer. El aire olía a promesa. Cruzaba el salón de un lado a otro impaciente pensando en ello. Miraba por la ventana una y otra vez inquieto deseando que llegará la hora. Su mirada llena de ansiedad ya no podía contenerse mas. Esta vez si… tenía que sonar la flauta.

     Al día siguiente Martín bajó al bar a las 10:00 y se puso en la esquina a esperar cruzando los dedos y pensando;

     —Siento que esta a punto de llegar la oportunidad de mi vida, la suerte esta de mi parte. La voz de el mensaje parecía tan sincera. He confiado tantas noches en ello. Venga joder venga! A ver si  suena la flauta!

     Pero después de esperar varias horas, nadie acudió a aquella esquina frente al bar, donde Martín esperó pensando que aquella mañana por fin le iba a llegar lo que buscaba. Martín se volvió a casa desesperado y enfadado, pero un pequeño rayo de esperanza le decía que algún día de aquellos, sería “su día”

     Al día siguiente volvió a sonar el teléfono y recibió el mismo mensaje;

     —Mañana a las 10:00 en la esquina del bar—

     Martín volvió a bajar excitado y con paso ligero, mirando al frente y pensando; —Esta si que si tiene que ser la definitiva, lo presiento!— Pero aquella mañana tampoco acudió nadie a la cita. Martín desesperado tirándose de los pelos se volvió a casa, pero la cosa no acabó ahí. Cada día a la misma hora el mensaje seguía repitiéndose y Martín siguió bajando durante meses a la misma hora a aquella maldita esquina, pero nunca aparecía nadie. Ya no podía mas, estaba desesperado, necesitaba lo suyo. Ya ni siquiera se arreglaba para bajar, bajaba en pijama obsesionado con que apareciera aquel hombre con su gran oportunidad entre las manos. Martín no cesaba y aunque al tiempo dejó de recibir la llamada, el siguió bajando un día y otro y otro y otro, para ver si de algún sitio le llegaba alguna señal, pero nada. Martín empezó a enloquecer y su cabeza solo le repetía una y otra vez la misma frase; —Tiene que sonar la flauta! tiene que sonar la flauta!! tiene que sonar la flauta!!!, no pierdas la esperanza!!!!—Hasta que un día una luz bajo de el cielo hasta aquella esquina, donde Martín llevaba años esperando su momento y frente a su cara atónita la luz le pregunto;

     —Eres tu, el que lleva tanto tiempo esperando a que suene la flauta?

     —Si! soy yo!!—Respondió Martín entusiasmado.

     Pero… Soplaste?

Por Ander García Martinez

a ver si suena la flauta

[:en]

     Sonó el teléfono… Martín recibió la llamada:

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar…—colgaron.

     Martín se empezó a poner muy nervioso. Llevaba tanto tiempo esperando el momento. No se lo podía creer. El aire olía a promesa. Cruzaba el salón de un lado a otro impaciente pensando en ello. Miraba por la ventana una y otra vez inquieto deseando que llegará la hora. Su mirada llena de ansiedad ya no podía contenerse mas. Esta ves si… tenía que sonar la flauta.

     Al día siguiente Martín bajo al bar a las 10:00 y se puso en la esquina a esperar cruzando los dedos y pensando;

     —Siento que esta a punto de llegar la oportunidad de mi vida, la suerte esta de mi parte. La voz de el mensaje parecía tan sincera. He confiado tantas noches en ello. Venga joder venga! A ver si  suena la flauta!

     Pero después de esperar varias horas, nadie acudió a aquella esquina frente al bar, donde Martín esperó pensando que aquella mañana por fin le iba a llegar lo que buscaba. Martín se volvió a casa desesperado y enfadado, pero un pequeño rayo de esperanza le decía que algún día de aquellos, sería “su día”

     Al día siguiente volvió a sonar el teléfono y recibió el mismo mensaje;

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar—

     Martín volvió a bajar excitado y con paso ligero, mirando al frente y pensando; —esta si que si tiene que ser la definitiva, lo presiento!— Pero aquella mañana tampoco acudió nadie a la cita. Martín desesperado tirándose de los pelos se volvió a casa, pero la cosa no acabó ahí. Cada día a la misma hora el mensaje seguía repitiéndose y Martín siguió bajando durante meses a la misma hora a aquella maldita esquina, pero nunca aparecía nadie. Ya no podía mas, estaba desesperado, necesitaba lo suyo. Ya ni siquiera se arreglaba para bajar, bajaba en pijama obsesionado con que apareciera aquel hombre con su gran oportunidad entre las manos. Martín no cesaba y aunque al tiempo dejo de recibir la llamada, el siguió bajando un día y otro y otro y otro, para a ver si de algún sitio le llegaba alguna señal, pero nada! Martín empezó a enloquecer y su cabeza solo le repetía una y otra vez la misma frase; —tiene que sonar la flauta! tiene que sonar la flauta!! tiene que sonar la flauta!!!, no pierdas la esperanza!!!!—Hasta que un día una luz bajo de el cielo hasta aquella esquina, donde Martín llevaba años esperando su momento y frente a su cara atónita la luz le pregunto;

     —Eres tu, el que lleva tanto tiempo esperando a que suene la flauta?

     —Si! soy yo!!—Respondió Martín entusiasmado.

     Pero… Soplaste?

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     Sonó el teléfono… Martín recibió la llamada:

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar…—colgaron.

     Martín se empezó a poner muy nervioso. Llevaba tanto tiempo esperando el momento. No se lo podía creer. El aire olía a promesa. Cruzaba el salón de un lado a otro impaciente pensando en ello. Miraba por la ventana una y otra vez inquieto deseando que llegará la hora. Su mirada llena de ansiedad ya no podía contenerse mas. Esta ves si… tenía que sonar la flauta.

     Al día siguiente Martín bajo al bar a las 10:00 y se puso en la esquina a esperar cruzando los dedos y pensando;

     —Siento que esta a punto de llegar la oportunidad de mi vida, la suerte esta de mi parte. La voz de el mensaje parecía tan sincera. He confiado tantas noches en ello. Venga joder venga! A ver si  suena la flauta!

     Pero después de esperar varias horas, nadie acudió a aquella esquina frente al bar, donde Martín esperó pensando que aquella mañana por fin le iba a llegar lo que buscaba. Martín se volvió a casa desesperado y enfadado, pero un pequeño rayo de esperanza le decía que algún día de aquellos, sería “su día”

     Al día siguiente volvió a sonar el teléfono y recibió el mismo mensaje;

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar—

     Martín volvió a bajar excitado y con paso ligero, mirando al frente y pensando; —esta si que si tiene que ser la definitiva, lo presiento!— Pero aquella mañana tampoco acudió nadie a la cita. Martín desesperado tirándose de los pelos se volvió a casa, pero la cosa no acabó ahí. Cada día a la misma hora el mensaje seguía repitiéndose y Martín siguió bajando durante meses a la misma hora a aquella maldita esquina, pero nunca aparecía nadie. Ya no podía mas, estaba desesperado, necesitaba lo suyo. Ya ni siquiera se arreglaba para bajar, bajaba en pijama obsesionado con que apareciera aquel hombre con su gran oportunidad entre las manos. Martín no cesaba y aunque al tiempo dejo de recibir la llamada, el siguió bajando un día y otro y otro y otro, para a ver si de algún sitio le llegaba alguna señal, pero nada! Martín empezó a enloquecer y su cabeza solo le repetía una y otra vez la misma frase; —tiene que sonar la flauta! tiene que sonar la flauta!! tiene que sonar la flauta!!!, no pierdas la esperanza!!!!—Hasta que un día una luz bajo de el cielo hasta aquella esquina, donde Martín llevaba años esperando su momento y frente a su cara atónita la luz le pregunto;

     —Eres tu, el que lleva tanto tiempo esperando a que suene la flauta?

     —Si! soy yo!!—Respondió Martín entusiasmado.

     Pero… Soplaste?

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     Sonó el teléfono… Martín recibió la llamada:

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar…—colgaron.

     Martín se empezó a poner muy nervioso. Llevaba tanto tiempo esperando el momento. No se lo podía creer. El aire olía a promesa. Cruzaba el salón de un lado a otro impaciente pensando en ello. Miraba por la ventana una y otra vez inquieto deseando que llegará la hora. Su mirada llena de ansiedad ya no podía contenerse mas. Esta ves si… tenía que sonar la flauta.

     Al día siguiente Martín bajo al bar a las 10:00 y se puso en la esquina a esperar cruzando los dedos y pensando;

     —Siento que esta a punto de llegar la oportunidad de mi vida, la suerte esta de mi parte. La voz de el mensaje parecía tan sincera. He confiado tantas noches en ello. Venga joder venga! A ver si  suena la flauta!

     Pero después de esperar varias horas, nadie acudió a aquella esquina frente al bar, donde Martín esperó pensando que aquella mañana por fin le iba a llegar lo que buscaba. Martín se volvió a casa desesperado y enfadado, pero un pequeño rayo de esperanza le decía que algún día de aquellos, sería “su día”

     Al día siguiente volvió a sonar el teléfono y recibió el mismo mensaje;

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar—

     Martín volvió a bajar excitado y con paso ligero, mirando al frente y pensando; —esta si que si tiene que ser la definitiva, lo presiento!— Pero aquella mañana tampoco acudió nadie a la cita. Martín desesperado tirándose de los pelos se volvió a casa, pero la cosa no acabó ahí. Cada día a la misma hora el mensaje seguía repitiéndose y Martín siguió bajando durante meses a la misma hora a aquella maldita esquina, pero nunca aparecía nadie. Ya no podía mas, estaba desesperado, necesitaba lo suyo. Ya ni siquiera se arreglaba para bajar, bajaba en pijama obsesionado con que apareciera aquel hombre con su gran oportunidad entre las manos. Martín no cesaba y aunque al tiempo dejo de recibir la llamada, el siguió bajando un día y otro y otro y otro, para a ver si de algún sitio le llegaba alguna señal, pero nada! Martín empezó a enloquecer y su cabeza solo le repetía una y otra vez la misma frase; —tiene que sonar la flauta! tiene que sonar la flauta!! tiene que sonar la flauta!!!, no pierdas la esperanza!!!!—Hasta que un día una luz bajo de el cielo hasta aquella esquina, donde Martín llevaba años esperando su momento y frente a su cara atónita la luz le pregunto;

     —Eres tu, el que lleva tanto tiempo esperando a que suene la flauta?

     —Si! soy yo!!—Respondió Martín entusiasmado.

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     Martín se empezó a poner muy nervioso. Llevaba tanto tiempo esperando el momento. No se lo podía creer. El aire olía a promesa. Cruzaba el salón de un lado a otro impaciente pensando en ello. Miraba por la ventana una y otra vez inquieto deseando que llegará la hora. Su mirada llena de ansiedad ya no podía contenerse mas. Esta ves si… tenía que sonar la flauta.

     Al día siguiente Martín bajo al bar a las 10:00 y se puso en la esquina a esperar cruzando los dedos y pensando;

     —Siento que esta a punto de llegar la oportunidad de mi vida, la suerte esta de mi parte. La voz de el mensaje parecía tan sincera. He confiado tantas noches en ello. Venga joder venga! A ver si  suena la flauta!

     Pero después de esperar varias horas, nadie acudió a aquella esquina frente al bar, donde Martín esperó pensando que aquella mañana por fin le iba a llegar lo que buscaba. Martín se volvió a casa desesperado y enfadado, pero un pequeño rayo de esperanza le decía que algún día de aquellos, sería “su día”

     Al día siguiente volvió a sonar el teléfono y recibió el mismo mensaje;

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar—

     Martín volvió a bajar excitado y con paso ligero, mirando al frente y pensando; —esta si que si tiene que ser la definitiva, lo presiento!— Pero aquella mañana tampoco acudió nadie a la cita. Martín desesperado tirándose de los pelos se volvió a casa, pero la cosa no acabó ahí. Cada día a la misma hora el mensaje seguía repitiéndose y Martín siguió bajando durante meses a la misma hora a aquella maldita esquina, pero nunca aparecía nadie. Ya no podía mas, estaba desesperado, necesitaba lo suyo. Ya ni siquiera se arreglaba para bajar, bajaba en pijama obsesionado con que apareciera aquel hombre con su gran oportunidad entre las manos. Martín no cesaba y aunque al tiempo dejo de recibir la llamada, el siguió bajando un día y otro y otro y otro, para a ver si de algún sitio le llegaba alguna señal, pero nada! Martín empezó a enloquecer y su cabeza solo le repetía una y otra vez la misma frase; —tiene que sonar la flauta! tiene que sonar la flauta!! tiene que sonar la flauta!!!, no pierdas la esperanza!!!!—Hasta que un día una luz bajo de el cielo hasta aquella esquina, donde Martín llevaba años esperando su momento y frente a su cara atónita la luz le pregunto;

     —Eres tu, el que lleva tanto tiempo esperando a que suene la flauta?

     —Si! soy yo!!—Respondió Martín entusiasmado.

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     Sonó el teléfono… Martín recibió la llamada:

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar…—colgaron.

     Martín se empezó a poner muy nervioso. Llevaba tanto tiempo esperando el momento. No se lo podía creer. El aire olía a promesa. Cruzaba el salón de un lado a otro impaciente pensando en ello. Miraba por la ventana una y otra vez inquieto deseando que llegará la hora. Su mirada llena de ansiedad ya no podía contenerse mas. Esta ves si… tenía que sonar la flauta.

     Al día siguiente Martín bajo al bar a las 10:00 y se puso en la esquina a esperar cruzando los dedos y pensando;

     —Siento que esta a punto de llegar la oportunidad de mi vida, la suerte esta de mi parte. La voz de el mensaje parecía tan sincera. He confiado tantas noches en ello. Venga joder venga! A ver si  suena la flauta!

     Pero después de esperar varias horas, nadie acudió a aquella esquina frente al bar, donde Martín esperó pensando que aquella mañana por fin le iba a llegar lo que buscaba. Martín se volvió a casa desesperado y enfadado, pero un pequeño rayo de esperanza le decía que algún día de aquellos, sería “su día”

     Al día siguiente volvió a sonar el teléfono y recibió el mismo mensaje;

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar—

     Martín volvió a bajar excitado y con paso ligero, mirando al frente y pensando; —esta si que si tiene que ser la definitiva, lo presiento!— Pero aquella mañana tampoco acudió nadie a la cita. Martín desesperado tirándose de los pelos se volvió a casa, pero la cosa no acabó ahí. Cada día a la misma hora el mensaje seguía repitiéndose y Martín siguió bajando durante meses a la misma hora a aquella maldita esquina, pero nunca aparecía nadie. Ya no podía mas, estaba desesperado, necesitaba lo suyo. Ya ni siquiera se arreglaba para bajar, bajaba en pijama obsesionado con que apareciera aquel hombre con su gran oportunidad entre las manos. Martín no cesaba y aunque al tiempo dejo de recibir la llamada, el siguió bajando un día y otro y otro y otro, para a ver si de algún sitio le llegaba alguna señal, pero nada! Martín empezó a enloquecer y su cabeza solo le repetía una y otra vez la misma frase; —tiene que sonar la flauta! tiene que sonar la flauta!! tiene que sonar la flauta!!!, no pierdas la esperanza!!!!—Hasta que un día una luz bajo de el cielo hasta aquella esquina, donde Martín llevaba años esperando su momento y frente a su cara atónita la luz le pregunto;

     —Eres tu, el que lleva tanto tiempo esperando a que suene la flauta?

     —Si! soy yo!!—Respondió Martín entusiasmado.

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     Sonó el teléfono… Martín recibió la llamada:

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar…—colgaron.

     Martín se empezó a poner muy nervioso. Llevaba tanto tiempo esperando el momento. No se lo podía creer. El aire olía a promesa. Cruzaba el salón de un lado a otro impaciente pensando en ello. Miraba por la ventana una y otra vez inquieto deseando que llegará la hora. Su mirada llena de ansiedad ya no podía contenerse mas. Esta ves si… tenía que sonar la flauta.

     Al día siguiente Martín bajo al bar a las 10:00 y se puso en la esquina a esperar cruzando los dedos y pensando;

     —Siento que esta a punto de llegar la oportunidad de mi vida, la suerte esta de mi parte. La voz de el mensaje parecía tan sincera. He confiado tantas noches en ello. Venga joder venga! A ver si  suena la flauta!

     Pero después de esperar varias horas, nadie acudió a aquella esquina frente al bar, donde Martín esperó pensando que aquella mañana por fin le iba a llegar lo que buscaba. Martín se volvió a casa desesperado y enfadado, pero un pequeño rayo de esperanza le decía que algún día de aquellos, sería “su día”

     Al día siguiente volvió a sonar el teléfono y recibió el mismo mensaje;

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar—

     Martín volvió a bajar excitado y con paso ligero, mirando al frente y pensando; —esta si que si tiene que ser la definitiva, lo presiento!— Pero aquella mañana tampoco acudió nadie a la cita. Martín desesperado tirándose de los pelos se volvió a casa, pero la cosa no acabó ahí. Cada día a la misma hora el mensaje seguía repitiéndose y Martín siguió bajando durante meses a la misma hora a aquella maldita esquina, pero nunca aparecía nadie. Ya no podía mas, estaba desesperado, necesitaba lo suyo. Ya ni siquiera se arreglaba para bajar, bajaba en pijama obsesionado con que apareciera aquel hombre con su gran oportunidad entre las manos. Martín no cesaba y aunque al tiempo dejo de recibir la llamada, el siguió bajando un día y otro y otro y otro, para a ver si de algún sitio le llegaba alguna señal, pero nada! Martín empezó a enloquecer y su cabeza solo le repetía una y otra vez la misma frase; —tiene que sonar la flauta! tiene que sonar la flauta!! tiene que sonar la flauta!!!, no pierdas la esperanza!!!!—Hasta que un día una luz bajo de el cielo hasta aquella esquina, donde Martín llevaba años esperando su momento y frente a su cara atónita la luz le pregunto;

     —Eres tu, el que lleva tanto tiempo esperando a que suene la flauta?

     —Si! soy yo!!—Respondió Martín entusiasmado.

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     Sonó el teléfono… Martín recibió la llamada:

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar…—colgaron.

     Martín se empezó a poner muy nervioso. Llevaba tanto tiempo esperando el momento. No se lo podía creer. El aire olía a promesa. Cruzaba el salón de un lado a otro impaciente pensando en ello. Miraba por la ventana una y otra vez inquieto deseando que llegará la hora. Su mirada llena de ansiedad ya no podía contenerse mas. Esta ves si… tenía que sonar la flauta.

     Al día siguiente Martín bajo al bar a las 10:00 y se puso en la esquina a esperar cruzando los dedos y pensando;

     —Siento que esta a punto de llegar la oportunidad de mi vida, la suerte esta de mi parte. La voz de el mensaje parecía tan sincera. He confiado tantas noches en ello. Venga joder venga! A ver si  suena la flauta!

     Pero después de esperar varias horas, nadie acudió a aquella esquina frente al bar, donde Martín esperó pensando que aquella mañana por fin le iba a llegar lo que buscaba. Martín se volvió a casa desesperado y enfadado, pero un pequeño rayo de esperanza le decía que algún día de aquellos, sería “su día”

     Al día siguiente volvió a sonar el teléfono y recibió el mismo mensaje;

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar—

     Martín volvió a bajar excitado y con paso ligero, mirando al frente y pensando; —esta si que si tiene que ser la definitiva, lo presiento!— Pero aquella mañana tampoco acudió nadie a la cita. Martín desesperado tirándose de los pelos se volvió a casa, pero la cosa no acabó ahí. Cada día a la misma hora el mensaje seguía repitiéndose y Martín siguió bajando durante meses a la misma hora a aquella maldita esquina, pero nunca aparecía nadie. Ya no podía mas, estaba desesperado, necesitaba lo suyo. Ya ni siquiera se arreglaba para bajar, bajaba en pijama obsesionado con que apareciera aquel hombre con su gran oportunidad entre las manos. Martín no cesaba y aunque al tiempo dejo de recibir la llamada, el siguió bajando un día y otro y otro y otro, para a ver si de algún sitio le llegaba alguna señal, pero nada! Martín empezó a enloquecer y su cabeza solo le repetía una y otra vez la misma frase; —tiene que sonar la flauta! tiene que sonar la flauta!! tiene que sonar la flauta!!!, no pierdas la esperanza!!!!—Hasta que un día una luz bajo de el cielo hasta aquella esquina, donde Martín llevaba años esperando su momento y frente a su cara atónita la luz le pregunto;

     —Eres tu, el que lleva tanto tiempo esperando a que suene la flauta?

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