20 euros

En una de mis múltiples mudanzas, tenía que llevar a mi nuevo domicilio dos cajas muy pesadas con la mayoría de mis objetos personales; libros, cuadernos, etc…

Tenía que llevar las dos cajas enbaladas desde una punta de la ciudad a la otra. En un principio pensé en coger un taxi y gastarme 20 euros pero preferí ahorrarme el dinero y me pareció más adecuado conseguir un carro con ruedas (de esos que usan los transportistas) y cargar yo con las cajas hasta una parada de metro que me acercara a mi nuevo estudio.

Cuando llegué a mi antigua dirección, busqué por los alrededores un comercio o un supermercado en el cual pudiera pedir, este gran invento de la humanidad con ruedas, para no destrozarte la espalda.

Cuando llevaba un tiempo buscando, me fijé en una tienda de esas que venden productos naturales a peso (granos, especias) en la cual disponían de un carro perfecto para solucionar mi problema. Me acerqué y entré en la tienda para ver si me lo podían dejar. Al principio la chica que atendía y la única responsable que se  encontraba tras el mostrador me pareció una persona bastante reservada y poco dispuesta a ceder en nada. Hablé con ella…

—Hola, buenos días. Miré tengo un problema. Me estoy mudando de piso y necesitaría el carro que tienen en la entrada por una hora o así, para llevar las dos últimas dos cajas que me quedan del traslado.

La chica en un principio se mostró distante y me dijo que el carro costaba mucho y que ella no era la dueña de la tienda, que le suponía una gran responsabilidad debido a que lo necesitaban a diario para mover los sacos de producto. Entonces supuse que debía hacer que ella se fiara de mí ya que por supuesto yo no tenía ninguna mala intención. Me dejé de protocolos y la traté de “tu” para no parecer más distante todavía…

—Mira, si te parece mientras me lo llevo, para que veas que soy alguien de fiar te dejo mi carnet de identidad y 20 euros como fianza por hacerme el favor.

Por su mirada de reojo parecía que no estaba del todo convencida pero al final ante mi cara de perro abandonado bajo la lluvia cedió. Cedió, pero no me dijo otra cosa…

—Espero que no le pasa nada al carro y me lo devuelvas en perfecto estado, cuesta más de 100 euros—Me recalcó.

—No te preocupes por nada, te lo devolveré tal y como está…

Cogí el carro, subí a mi antigua dirección y cargue las pesadas cajas en el. Después de tirar calle abajo, todo iba bien hasta que me di cuenta empujando el carro entré el gentío del metro, de que algo estaba empezando a fallar. Sentí que el carro, que en un principio parecía muy robusto, empezó a balancearse y a renquear sospechosamente hasta que me di cuenta… Una de las ruedas se había deshinchado por completo debido al peso que llevaba. Empecé a sudar pensando que las cosas se estaban dando a torcer y a ponerme nervioso entre la multitud apresurada del metro. La idea de tardar demasiado en devolver el carro me comía por dentro. Pensé—bueno cuando deje las cajas en casa, hincho la rueda, se lo devuelvo y listo—

Me costó bastante el mero hecho de llegar a casa sin que la rueda se reventara , sujetando a pulso el carro de lado para que esta no sufriera. Por fin llegue a casa, dejé las cajas y decidí buscar un sitio donde me hincharan la rueda. Ya más desahogado con el carro vacío, me acerqué a un “rent a bike” que había justo al lado de mi nuevo portal.

—Perdona, me podrías hinchar la rueda que se me ha deshinchado?

—Claro! como no…

Hinchamos la rueda pero para mi desgracia a los 10 segundos me di cuenta de que esta volvía a estar igual… pinchada. Empecé a ver la cara de la chica y a acordarme de todo lo que habíamos hablado. Lo único “positivo” era que, cuando salí de la tienda de bicis, me percaté de que la rueda al estar el carro sin peso, tampoco se notaba demasiado que la rueda estaba pinchada…

Antes de llegar a la tienda de la chica, me encontré con un transportista…

—Oiga perdone!

—Dime “macu

—No sabrás donde me pueden arreglar este pinchazo?

—Uuuyyy… estas ruedas de carro pequeñas son muy puñeteras y dudo que te la arreglen en ningún taller.

—Mierda! (con perdón) necesito arreglarla antes de devolver el carro a una tienda donde me lo han dejado y me están esperando!

—Mira yo te puedo decir dónde venden este tipo de ruedas, en…

Pero el sitio estaba muy lejos y no me daba tiempo.

—Vale, gracias!

Llegue a la tienda y pensé—bueno igual no se da cuenta—. Cuando entre en la tienda con el carro entre las manos la chica me sonrió agradecida pensando que volvía con él sano y salvo, y cuando lo coloqué de donde lo había cogido encima ella me dijo;

—Qué tal va? estupendo verdad… es un carro muy majo, a mi me va super bien…

—Bueno… si…

Al principio no dije nada y ella me devolvió los 20 euros y el carnet de identidad que le había dejado como fianza, pero antes de irme y a pesar de que lo había intentado disimular, sentía remordimientos porque aquella chica se había portado bien conmigo. Entonces rectifiqué y le dije;

—Oye mira… para serte sincero, la verdad es que he tenido un problemilla y la rueda de la derecha…

—Ah! no te preocupes… si, ya se, está un poco deshinchada… de vez en cuando la hincho y ya está, tu no te preocupes, te puedes ir tranquilo…

Al ver que ella no le daba importancia al asunto, le dí las gracias a la chica y me fui pensando que quizás, la situación no era tan grabe como pensaba. Pero al salir de la tienda y llevar unos metros recorridos un pensamiento no dejaba de rondarme en la cabeza;

“Si, la rueda le solía dar problemas pero yo no le he dicho la verdad. No le he dicho que la rueda estaba pinchada por mi culpa y tarde o temprano se va a dar cuenta”

Entonces pensé que; qué menos que volver, darle 5 euros para que arreglase el pinchazo y disculparme. Según me acercaba otra vez a la tienda de la chica para quitarme aquel mal sabor de conciencia, vi un bazar chino y me acordé de que tenía que comprar una cuchara de palo para la cocina. Entre…

—Perdone, tiene cucharas de palo?

—Si, al fondo a la “delecha

En los bazares chinos parece que todo está siempre al fondo a la “delecha“… entonces… qué hay en la entrada?

Entre todos los cachivaches encontré las cucharas de palo y de pronto cosas del destino, justo debajo de ellas vi una rueda de carro de repuesto exactamente igual que la que había pinchado. Me dije; esto es una señal… y las señales no se dan muy a menudo.

—Señora, cuánto vale la rueda?

—Rueda y “cuchala” 20 “eulo

Volví corriendo a la tienda de la chica, ya no podía seguir sintiéndome mal. Entre…

—Hola guapa!

—Hombre! cómo tu por aquí otra vez?

—Pues mira… sabes que pasa, que antes no te he dicho toda la verdad, porque con el peso de mis cajas la rueda se ha pinchado.

—Ah! bueno… no te preocupes, solo es un carro, ya lo arreglará mi jefe…

—Bueno, pues solo será un carro pero yo te he traído la rueda.

—No te puedo creer que te hayas molestado…

—No ha sido ninguna molestia, a sido todo un placer.

Y la chica me dio dos besos emocionada mientras sentí al mirarnos que se nos iluminaba la mirada…

En resumen; ayudé a aquella chica en cierta forma, porque aquella vieja rueda que tenía no iba a tardar en darle problemas, lleve mis cajas, me llevé dos besos muy especiales y una vez más me di cuenta de que;

Sentir el alma libre y respirar el aire del bien… no tiene precio.

 

Por Ander García Martinez

 

20 euros

 

 

 

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El trapecista

Hace mucho tiempo, a las afueras de un pueblecito Húngaro, daba a luz un pequeño retoño bajo la bendición de su madre en el camastro de una pequeña caravana de circo. Una tarde anaranjada por el “hasta mañana” del sol en la cual dentro de aquel diminuto remolque, acababa de nacer una estrella. Alguien a quien llamarían “Izan el Húngaro”.

Entre fines de semana memorables en los que Darda (su padre) hacía levantarse de los asientos al público, bajo aquella enorme carpa de característicos rojo y blanco que se podían ver desde cualquier lejanía, Izan desde su carrito de bebé, no se perdía ningún detalle mientras su padre en las alturas desafiaba a la gravedad llenando el aire de vértigo. Mientras veía arriba como el que iba a ser su mejor maestro, entre nubes de magnesio y las cuerdas trenzadas del trapecio, este rozaba lo imposible.

Darda siempre intento influenciar de la mejor manera posible a su pequeño. Lo primero que hizo en cuanto Izan supero la lactancia fue coger la vieja tele que tenían en la caravana y con una expresión en la mirada de “hacia años que estaba deseando hacer esto” la tiró por la ventana, haciéndola pedazos contra un motor abandonado que había frente a la  roulotte. No quería nada que hiciera perder el tiempo a su futuro sucesor porque el podía sentir que dentro de Izan algo especial cada vez se estaba haciendo más grande. A cambió llenó la pequeña habitación con libros ilustrados y posters con los mejores trapecistas del mundo para que el venidero primogénito mamara del biberón adecuado. Imágenes de pinito del oro balanceándose en el trapecio volante sobre una silla. Fotos de Miss María de Jerez de la frontera o una instantánea de el mismísimo Burt Lancaster que antes de su carrera como actor, comenzó enfrentándose a las alturas en un circo. Pero a la representación que Darda dio más importancia fue a la del Mexicano Alfredo Codona y puso un desplegable gigante de el, justo en frente de la cuna. Una imagen épica donde salía realizando su famoso (primero en completarlo) triple salto mortal.

Izan siguió creciendo y cuando el tiempo le permitió tener un cuerpo suficiente, pronto empezó a despuntar en aquel arte circense, realizando saltos a 10 metros de altura y ganándole pequeñas batallas a la gravedad que iban acompañadas de los consejos y el esfuerzo incondicional por llegar lejos de su padre.

Una noche en la que el tiempo también había alargado la cuna de Izan convirtiéndola en una cama, frente a la imagen perpetua de Alfredo Codona y su triple salto mortal, Izan tras sus parpados cerrados tuvo un sueño… uno muy especial…

—Podía ver mis pies sobre el palo pintado en espiral del trapecio y el vacío bajo ellos. Mi cuerpo se balanceaba cada vez más penduloso mientras mi figura hacia dibujos en el aire sobre el lienzo de una niebla espesa. En frente entre la niebla aparecieron dos manos blancas suspendidas que parecían esperar allí para que yo culminara. Cuanto más pasaba el tiempo pensando si sería capaz, indeciso, más alto me veía. Todo estaba sucediendo en el cielo y la enorme carpa del circo se veía bajo mis pies muy pequeña, tanto como la chapa de un refresco. Pero tenía que hacerlo. Era mi gran salto. De pronto el público sentado en el aire que me rodeaba se encendió poniéndose en pie y empezaron a lanzar al aire bengalas y serpentinas entre luces y vítores. Todos aplaudían a la vez en un compás creciente que acercaba la sensación de lo insólito.

—¡Y aquí tenemos al gran Izan de Hungría! más conocido como “Izan el Húngaro”! no se lo pierdan señores! Compren sus algodones de azúcar y sus piruletas de colores por que están a punto de presenciar su espectacular gran salto! el que nadie ha sido capaz de ejecutar todavía!—

—Me sujete fuerte a las cuerdas y me fijé en la distancia hasta las manos blancas que salían de la niebla. Dos manos blancas que suponían la gloria. Empecé a respirar fuerte tanto que la respiración sonaba a mi alrededor. Todo flotaba menos yo como si fuera al único que le afectara el peso del aire. Solo colgábamos yo y mi trapecio, podía sentirlo en todo el cuerpo al balancearme. Abajo, un abismo con una enorme boca de payaso en el fondo. El publico empezó a impacientarse con los ojos fuera de si rozando el abucheo y entonces cogí mi último impulso y me lancé al aire… 1… 2… 3…  mortales en el aire, 3 y medio y… lo que nunca antes nadie había logrado estaba a punto de suceder pero cuando miré hacía aquellas manos blancas! ya no estaban! habían desaparecido! Noooooo!!

—Izan! Izan cariño despierta? estas bien? estas empapado. Venga, vete vistiéndote que hay que ir a entrenar.

Izan se sentó sobre la cama y supo al instante que era lo que quería. Cuál era su meta, su objetivo. Su sueño, y no iba a parar hasta conseguirlo.

Los músculos ya cubrían el cuerpo de Izan y sus números y actuaciones cada vez eran mejores. Parecía que su momento se acercaba pero el destino no se lo iba a poner fácil.  Una tarde, su padre entre bastidores le dio la noticia.

—Hijo, a partir de ahora tendrás que seguir el camino tu solo. Lo dejo.

—Pero papa! qué voy hacer sin ti! tu eres mi talisman, mi maestro, mi mentor, mi padre…

—Lo se hijo. De todas formas no te preocupes. Después de tantos años, aunque no suba más ahí arriba contigo yo siempre estaré aquí abajo apoyándote.

—Esta bien papa pero prométeme que nunca te alejaras demasiado.

—Te lo prometo.

Al poco tiempo Izan se había hecho con todo el protagonismo en su nueva solitaria carrera. Las gradas del circo se llenaban tres días por semana para ver volar al gran “Izan el Húngaro” su nombre empezó a salir en todos los periódicos. —Acérquense para contemplar al gran genio del trapecio “Izan de Hungría”!— Algunos dicen que el apodo se lo pusieron porque en toda Hungría ningún otro artista desprendía la armonía y la nobleza que desprendían sus movimientos en lo más alto de aquellas cúpulas ambulantes. Su espíritu nómada se iba haciendo un hueco ante la exigente expectación de un público sediento de emociones. Un publico que saltaba de sus asientos tirándose el refresco por encima cuando Izan ejecutaba su salto estrella. El triple salto mortal, el mismo salto de quién durante tantos años fue su ídolo de infancia. Pero Izan quería más. Izan quería alcanzar su sueño.

Entonces un día mientras la familia cenaba reunida en la caravana, Izan le contó a su padre sus intenciones y este se enojo al escuchar  la osadía del joven malabar.

-Cuatro mortales en el aire!! pero Izan, eso es imposible!! nadie lo ha logrado en toda la historia. Sabes que yo confío en ti. Que siempre te he apoyado en tu carrera pero creo que todo esto es una locura!!

-Yo quiero intentarlo papa, lo he soñado!

—Lo has soñado?? pero que tontería es esa!! yo ayer soñé que volaba por encima de una montaña y ya me ves, aquí pegando carteles y dándole de comer a los monos y te recuerdo que soy el dueño de todo esto! así que no me vengas con…

—Papa!, solo te pido que confíes en mi!…

Pero cuando Izan más necesitaba de su padre, este se fue alejando poco a poco cada vez más del mundo circense hasta acabar las noches enteras bebiendo whisky en el bar del pueblo y poniendo por las nubes en alabanzas a su hijo ante cualquier desconocido que llegaba a aquella barra. Había noches que incluso acababa hablando solo, contándole los momentos álgidos de su carrera a un fluorescente de neón verde que parpadeaba colgado del botellero del bar.

Pasadas unas semanas, una tarde en la que los domadores ensayaban con sus felinos y los payasos se colocaban sus narices y graciosas pajaritas en los camerinos, Izan en lo más alto de la cúpula se dispuso a ensayar su gran salto. Justo antes del intento apareció Darda por un lateral de la pista y se sentó discretamente como si no quisiera molestar en un asiento de la grada vacía. Izan se empezó a balancear en el aire y su compañera hacía lo propio frente a el esperándole con los brazos y el alma puesta en aquel momento pero cada vez que Izan estaba a punto de lograr su objetivo su padre se levantaba del asiento sumamente preocupado diciendo.

-Cuidado Izan, cuidado!!… más grados, más grados!! déjate llevar por el bamboleo del trapecio, no aprietes las manos al agarrar las cuerdas!!

… Algo no estaba funcionando. Dos, tres mortales y medio y… justo en el momento que lo iba a conseguir…

-Cuidado hijo cuidado!!… tienes que esforzarte más!! Fíjate en las manos de tu compañera desde el principio! tienes que darte mas talco, el que llevas no es suficiente!!

Y así fue sucediendo un ensayo tras otro, cada vez que Izan estaba a punto de lograrlo su padre no soportaba la tensión y desde las mejores intenciones como siempre las tuvo hacia su hijo sin darse cuenta rompía la concentración del joven acróbata, hasta que llego el gran día señalado. Un día en el calendario circense en el que Izan había anunciado su gran salto en cartel y todavía no había sido capaz de completarlo ni una sola vez.

—Bienvenidos damas y caballeros, acérquense y ocupen sus asientos. Esta noche podremos ver al gran “Izan de hungría” y su salto imposible!! cuatro mortales en el aire, lo nunca visto!! Están a punto de contemplar el espectáculo del siglo!! No se lo pierdan!!

Entonces Izan comenzó a subir por la estrecha escalera mientras el público hacía sus ultimas compras en la tienda de chuches y caramelos ocupando los asientos expectantes pensando en lo que podía suceder. El circo estaba lleno, las gradas a rebosar. Izan saludo desde las alturas al entregado público de forma sincera y respetuosa y mientras sonaban redobles de tambor y el público ya completamente encendido y en pié daba palmas para animar al joven trapecista. Este ante un silencio sepulcral que se hizo de repente empezó a balancearse. Justo en ese momento entró el padre de Izan y se sentó en la primera fila mirando hacía arriba sin perder detalle. Izan se dio cuenta de su presencia. Se santiguo sobre el trapecio con la mirada clavada en las manos de su compañera. Cogió todo el impulso que pudo y después de columpiarse repetidas veces Izan se lanzo al aire soltando las cuerdas mientras al público se le escapaba una exclamación que se pudo oir desde el pueblo. Izan, sujetándose las rodillas y con un exquisito estilo daba vueltas por los aires en cámara lenta y la gente en la tribuna con la boca abierta seguía con los ojos desorbitados el gran salto. 1… 2… 3… tres y medio y… cuatro saltos mortales! La primera vez en la historia que alguien lo conseguía!

Izan bajó la escalera ante una impresionante ovación y nada más llegar abajo se dirigió directamente hacia su padre diciéndole;

—Gracias papa! sin ti nunca lo hubiera conseguido, jamás lo hubiera logrado!

Y su padre abrazándole todavía con lagrimas en los ojos, ordenó que volvieran a colocar la red de seguridad bajo el trapecio.

Por Ander García Martinez

El trapecista

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Tiene tres mensajes nuevos…

Miguel entró en casa. Dejó las llaves del coche sobre la mesilla y pulsó el botón de su grabador de mensajes.

“Tiene dos mensajes nuevos en su buzón de voz…”

  1. Mensaje recibido a las 11:34. Muy buenas Miguel, soy Carlos. Se acaba de efectuar el ingreso en tu cuenta. 94.000.000 de euros. Enhorabuena!
  2. Mensaje recibido a las 12:31. Hola Miguel, soy Ana tu doctora. Llevo toda la mañana intentando contactar contigo pero no coges. Ya tenemos el resultado de las pruebas… Lo siento.

tiene tres mensajes nuevos...

Por Ander García Martinez

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A ver si suena la flauta

[:es]

     Sonó el teléfono… Martín recibió la llamada:

     —Mañana a las 10:00 en la esquina del bar…—colgaron.

     Martín se empezó a poner muy nervioso. Llevaba tanto tiempo esperando el momento. No se lo podía creer. El aire olía a promesa. Cruzaba el salón de un lado a otro impaciente pensando en ello. Miraba por la ventana una y otra vez inquieto deseando que llegará la hora. Su mirada llena de ansiedad ya no podía contenerse mas. Esta vez si… tenía que sonar la flauta.

     Al día siguiente Martín bajó al bar a las 10:00 y se puso en la esquina a esperar cruzando los dedos y pensando;

     —Siento que esta a punto de llegar la oportunidad de mi vida, la suerte esta de mi parte. La voz de el mensaje parecía tan sincera. He confiado tantas noches en ello. Venga joder venga! A ver si  suena la flauta!

     Pero después de esperar varias horas, nadie acudió a aquella esquina frente al bar, donde Martín esperó pensando que aquella mañana por fin le iba a llegar lo que buscaba. Martín se volvió a casa desesperado y enfadado, pero un pequeño rayo de esperanza le decía que algún día de aquellos, sería “su día”

     Al día siguiente volvió a sonar el teléfono y recibió el mismo mensaje;

     —Mañana a las 10:00 en la esquina del bar—

     Martín volvió a bajar excitado y con paso ligero, mirando al frente y pensando; —Esta si que si tiene que ser la definitiva, lo presiento!— Pero aquella mañana tampoco acudió nadie a la cita. Martín desesperado tirándose de los pelos se volvió a casa, pero la cosa no acabó ahí. Cada día a la misma hora el mensaje seguía repitiéndose y Martín siguió bajando durante meses a la misma hora a aquella maldita esquina, pero nunca aparecía nadie. Ya no podía mas, estaba desesperado, necesitaba lo suyo. Ya ni siquiera se arreglaba para bajar, bajaba en pijama obsesionado con que apareciera aquel hombre con su gran oportunidad entre las manos. Martín no cesaba y aunque al tiempo dejó de recibir la llamada, el siguió bajando un día y otro y otro y otro, para ver si de algún sitio le llegaba alguna señal, pero nada. Martín empezó a enloquecer y su cabeza solo le repetía una y otra vez la misma frase; —Tiene que sonar la flauta! tiene que sonar la flauta!! tiene que sonar la flauta!!!, no pierdas la esperanza!!!!—Hasta que un día una luz bajo de el cielo hasta aquella esquina, donde Martín llevaba años esperando su momento y frente a su cara atónita la luz le pregunto;

     —Eres tu, el que lleva tanto tiempo esperando a que suene la flauta?

     —Si! soy yo!!—Respondió Martín entusiasmado.

     Pero… Soplaste?

Por Ander García Martinez

a ver si suena la flauta

[:en]

     Sonó el teléfono… Martín recibió la llamada:

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar…—colgaron.

     Martín se empezó a poner muy nervioso. Llevaba tanto tiempo esperando el momento. No se lo podía creer. El aire olía a promesa. Cruzaba el salón de un lado a otro impaciente pensando en ello. Miraba por la ventana una y otra vez inquieto deseando que llegará la hora. Su mirada llena de ansiedad ya no podía contenerse mas. Esta ves si… tenía que sonar la flauta.

     Al día siguiente Martín bajo al bar a las 10:00 y se puso en la esquina a esperar cruzando los dedos y pensando;

     —Siento que esta a punto de llegar la oportunidad de mi vida, la suerte esta de mi parte. La voz de el mensaje parecía tan sincera. He confiado tantas noches en ello. Venga joder venga! A ver si  suena la flauta!

     Pero después de esperar varias horas, nadie acudió a aquella esquina frente al bar, donde Martín esperó pensando que aquella mañana por fin le iba a llegar lo que buscaba. Martín se volvió a casa desesperado y enfadado, pero un pequeño rayo de esperanza le decía que algún día de aquellos, sería “su día”

     Al día siguiente volvió a sonar el teléfono y recibió el mismo mensaje;

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar—

     Martín volvió a bajar excitado y con paso ligero, mirando al frente y pensando; —esta si que si tiene que ser la definitiva, lo presiento!— Pero aquella mañana tampoco acudió nadie a la cita. Martín desesperado tirándose de los pelos se volvió a casa, pero la cosa no acabó ahí. Cada día a la misma hora el mensaje seguía repitiéndose y Martín siguió bajando durante meses a la misma hora a aquella maldita esquina, pero nunca aparecía nadie. Ya no podía mas, estaba desesperado, necesitaba lo suyo. Ya ni siquiera se arreglaba para bajar, bajaba en pijama obsesionado con que apareciera aquel hombre con su gran oportunidad entre las manos. Martín no cesaba y aunque al tiempo dejo de recibir la llamada, el siguió bajando un día y otro y otro y otro, para a ver si de algún sitio le llegaba alguna señal, pero nada! Martín empezó a enloquecer y su cabeza solo le repetía una y otra vez la misma frase; —tiene que sonar la flauta! tiene que sonar la flauta!! tiene que sonar la flauta!!!, no pierdas la esperanza!!!!—Hasta que un día una luz bajo de el cielo hasta aquella esquina, donde Martín llevaba años esperando su momento y frente a su cara atónita la luz le pregunto;

     —Eres tu, el que lleva tanto tiempo esperando a que suene la flauta?

     —Si! soy yo!!—Respondió Martín entusiasmado.

     Pero… Soplaste?

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[:de]

     Sonó el teléfono… Martín recibió la llamada:

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar…—colgaron.

     Martín se empezó a poner muy nervioso. Llevaba tanto tiempo esperando el momento. No se lo podía creer. El aire olía a promesa. Cruzaba el salón de un lado a otro impaciente pensando en ello. Miraba por la ventana una y otra vez inquieto deseando que llegará la hora. Su mirada llena de ansiedad ya no podía contenerse mas. Esta ves si… tenía que sonar la flauta.

     Al día siguiente Martín bajo al bar a las 10:00 y se puso en la esquina a esperar cruzando los dedos y pensando;

     —Siento que esta a punto de llegar la oportunidad de mi vida, la suerte esta de mi parte. La voz de el mensaje parecía tan sincera. He confiado tantas noches en ello. Venga joder venga! A ver si  suena la flauta!

     Pero después de esperar varias horas, nadie acudió a aquella esquina frente al bar, donde Martín esperó pensando que aquella mañana por fin le iba a llegar lo que buscaba. Martín se volvió a casa desesperado y enfadado, pero un pequeño rayo de esperanza le decía que algún día de aquellos, sería “su día”

     Al día siguiente volvió a sonar el teléfono y recibió el mismo mensaje;

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar—

     Martín volvió a bajar excitado y con paso ligero, mirando al frente y pensando; —esta si que si tiene que ser la definitiva, lo presiento!— Pero aquella mañana tampoco acudió nadie a la cita. Martín desesperado tirándose de los pelos se volvió a casa, pero la cosa no acabó ahí. Cada día a la misma hora el mensaje seguía repitiéndose y Martín siguió bajando durante meses a la misma hora a aquella maldita esquina, pero nunca aparecía nadie. Ya no podía mas, estaba desesperado, necesitaba lo suyo. Ya ni siquiera se arreglaba para bajar, bajaba en pijama obsesionado con que apareciera aquel hombre con su gran oportunidad entre las manos. Martín no cesaba y aunque al tiempo dejo de recibir la llamada, el siguió bajando un día y otro y otro y otro, para a ver si de algún sitio le llegaba alguna señal, pero nada! Martín empezó a enloquecer y su cabeza solo le repetía una y otra vez la misma frase; —tiene que sonar la flauta! tiene que sonar la flauta!! tiene que sonar la flauta!!!, no pierdas la esperanza!!!!—Hasta que un día una luz bajo de el cielo hasta aquella esquina, donde Martín llevaba años esperando su momento y frente a su cara atónita la luz le pregunto;

     —Eres tu, el que lleva tanto tiempo esperando a que suene la flauta?

     —Si! soy yo!!—Respondió Martín entusiasmado.

     Pero… Soplaste?

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     Sonó el teléfono… Martín recibió la llamada:

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar…—colgaron.

     Martín se empezó a poner muy nervioso. Llevaba tanto tiempo esperando el momento. No se lo podía creer. El aire olía a promesa. Cruzaba el salón de un lado a otro impaciente pensando en ello. Miraba por la ventana una y otra vez inquieto deseando que llegará la hora. Su mirada llena de ansiedad ya no podía contenerse mas. Esta ves si… tenía que sonar la flauta.

     Al día siguiente Martín bajo al bar a las 10:00 y se puso en la esquina a esperar cruzando los dedos y pensando;

     —Siento que esta a punto de llegar la oportunidad de mi vida, la suerte esta de mi parte. La voz de el mensaje parecía tan sincera. He confiado tantas noches en ello. Venga joder venga! A ver si  suena la flauta!

     Pero después de esperar varias horas, nadie acudió a aquella esquina frente al bar, donde Martín esperó pensando que aquella mañana por fin le iba a llegar lo que buscaba. Martín se volvió a casa desesperado y enfadado, pero un pequeño rayo de esperanza le decía que algún día de aquellos, sería “su día”

     Al día siguiente volvió a sonar el teléfono y recibió el mismo mensaje;

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar—

     Martín volvió a bajar excitado y con paso ligero, mirando al frente y pensando; —esta si que si tiene que ser la definitiva, lo presiento!— Pero aquella mañana tampoco acudió nadie a la cita. Martín desesperado tirándose de los pelos se volvió a casa, pero la cosa no acabó ahí. Cada día a la misma hora el mensaje seguía repitiéndose y Martín siguió bajando durante meses a la misma hora a aquella maldita esquina, pero nunca aparecía nadie. Ya no podía mas, estaba desesperado, necesitaba lo suyo. Ya ni siquiera se arreglaba para bajar, bajaba en pijama obsesionado con que apareciera aquel hombre con su gran oportunidad entre las manos. Martín no cesaba y aunque al tiempo dejo de recibir la llamada, el siguió bajando un día y otro y otro y otro, para a ver si de algún sitio le llegaba alguna señal, pero nada! Martín empezó a enloquecer y su cabeza solo le repetía una y otra vez la misma frase; —tiene que sonar la flauta! tiene que sonar la flauta!! tiene que sonar la flauta!!!, no pierdas la esperanza!!!!—Hasta que un día una luz bajo de el cielo hasta aquella esquina, donde Martín llevaba años esperando su momento y frente a su cara atónita la luz le pregunto;

     —Eres tu, el que lleva tanto tiempo esperando a que suene la flauta?

     —Si! soy yo!!—Respondió Martín entusiasmado.

     Pero… Soplaste?

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     Sonó el teléfono… Martín recibió la llamada:

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar…—colgaron.

     Martín se empezó a poner muy nervioso. Llevaba tanto tiempo esperando el momento. No se lo podía creer. El aire olía a promesa. Cruzaba el salón de un lado a otro impaciente pensando en ello. Miraba por la ventana una y otra vez inquieto deseando que llegará la hora. Su mirada llena de ansiedad ya no podía contenerse mas. Esta ves si… tenía que sonar la flauta.

     Al día siguiente Martín bajo al bar a las 10:00 y se puso en la esquina a esperar cruzando los dedos y pensando;

     —Siento que esta a punto de llegar la oportunidad de mi vida, la suerte esta de mi parte. La voz de el mensaje parecía tan sincera. He confiado tantas noches en ello. Venga joder venga! A ver si  suena la flauta!

     Pero después de esperar varias horas, nadie acudió a aquella esquina frente al bar, donde Martín esperó pensando que aquella mañana por fin le iba a llegar lo que buscaba. Martín se volvió a casa desesperado y enfadado, pero un pequeño rayo de esperanza le decía que algún día de aquellos, sería “su día”

     Al día siguiente volvió a sonar el teléfono y recibió el mismo mensaje;

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar—

     Martín volvió a bajar excitado y con paso ligero, mirando al frente y pensando; —esta si que si tiene que ser la definitiva, lo presiento!— Pero aquella mañana tampoco acudió nadie a la cita. Martín desesperado tirándose de los pelos se volvió a casa, pero la cosa no acabó ahí. Cada día a la misma hora el mensaje seguía repitiéndose y Martín siguió bajando durante meses a la misma hora a aquella maldita esquina, pero nunca aparecía nadie. Ya no podía mas, estaba desesperado, necesitaba lo suyo. Ya ni siquiera se arreglaba para bajar, bajaba en pijama obsesionado con que apareciera aquel hombre con su gran oportunidad entre las manos. Martín no cesaba y aunque al tiempo dejo de recibir la llamada, el siguió bajando un día y otro y otro y otro, para a ver si de algún sitio le llegaba alguna señal, pero nada! Martín empezó a enloquecer y su cabeza solo le repetía una y otra vez la misma frase; —tiene que sonar la flauta! tiene que sonar la flauta!! tiene que sonar la flauta!!!, no pierdas la esperanza!!!!—Hasta que un día una luz bajo de el cielo hasta aquella esquina, donde Martín llevaba años esperando su momento y frente a su cara atónita la luz le pregunto;

     —Eres tu, el que lleva tanto tiempo esperando a que suene la flauta?

     —Si! soy yo!!—Respondió Martín entusiasmado.

     Pero… Soplaste?

Por Ander García Martinez

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     Sonó el teléfono… Martín recibió la llamada:

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar…—colgaron.

     Martín se empezó a poner muy nervioso. Llevaba tanto tiempo esperando el momento. No se lo podía creer. El aire olía a promesa. Cruzaba el salón de un lado a otro impaciente pensando en ello. Miraba por la ventana una y otra vez inquieto deseando que llegará la hora. Su mirada llena de ansiedad ya no podía contenerse mas. Esta ves si… tenía que sonar la flauta.

     Al día siguiente Martín bajo al bar a las 10:00 y se puso en la esquina a esperar cruzando los dedos y pensando;

     —Siento que esta a punto de llegar la oportunidad de mi vida, la suerte esta de mi parte. La voz de el mensaje parecía tan sincera. He confiado tantas noches en ello. Venga joder venga! A ver si  suena la flauta!

     Pero después de esperar varias horas, nadie acudió a aquella esquina frente al bar, donde Martín esperó pensando que aquella mañana por fin le iba a llegar lo que buscaba. Martín se volvió a casa desesperado y enfadado, pero un pequeño rayo de esperanza le decía que algún día de aquellos, sería “su día”

     Al día siguiente volvió a sonar el teléfono y recibió el mismo mensaje;

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar—

     Martín volvió a bajar excitado y con paso ligero, mirando al frente y pensando; —esta si que si tiene que ser la definitiva, lo presiento!— Pero aquella mañana tampoco acudió nadie a la cita. Martín desesperado tirándose de los pelos se volvió a casa, pero la cosa no acabó ahí. Cada día a la misma hora el mensaje seguía repitiéndose y Martín siguió bajando durante meses a la misma hora a aquella maldita esquina, pero nunca aparecía nadie. Ya no podía mas, estaba desesperado, necesitaba lo suyo. Ya ni siquiera se arreglaba para bajar, bajaba en pijama obsesionado con que apareciera aquel hombre con su gran oportunidad entre las manos. Martín no cesaba y aunque al tiempo dejo de recibir la llamada, el siguió bajando un día y otro y otro y otro, para a ver si de algún sitio le llegaba alguna señal, pero nada! Martín empezó a enloquecer y su cabeza solo le repetía una y otra vez la misma frase; —tiene que sonar la flauta! tiene que sonar la flauta!! tiene que sonar la flauta!!!, no pierdas la esperanza!!!!—Hasta que un día una luz bajo de el cielo hasta aquella esquina, donde Martín llevaba años esperando su momento y frente a su cara atónita la luz le pregunto;

     —Eres tu, el que lleva tanto tiempo esperando a que suene la flauta?

     —Si! soy yo!!—Respondió Martín entusiasmado.

     Pero… Soplaste?

Por Ander García Martinez

a ver si suena la flauta

[:pb]

     Sonó el teléfono… Martín recibió la llamada:

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar…—colgaron.

     Martín se empezó a poner muy nervioso. Llevaba tanto tiempo esperando el momento. No se lo podía creer. El aire olía a promesa. Cruzaba el salón de un lado a otro impaciente pensando en ello. Miraba por la ventana una y otra vez inquieto deseando que llegará la hora. Su mirada llena de ansiedad ya no podía contenerse mas. Esta ves si… tenía que sonar la flauta.

     Al día siguiente Martín bajo al bar a las 10:00 y se puso en la esquina a esperar cruzando los dedos y pensando;

     —Siento que esta a punto de llegar la oportunidad de mi vida, la suerte esta de mi parte. La voz de el mensaje parecía tan sincera. He confiado tantas noches en ello. Venga joder venga! A ver si  suena la flauta!

     Pero después de esperar varias horas, nadie acudió a aquella esquina frente al bar, donde Martín esperó pensando que aquella mañana por fin le iba a llegar lo que buscaba. Martín se volvió a casa desesperado y enfadado, pero un pequeño rayo de esperanza le decía que algún día de aquellos, sería “su día”

     Al día siguiente volvió a sonar el teléfono y recibió el mismo mensaje;

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar—

     Martín volvió a bajar excitado y con paso ligero, mirando al frente y pensando; —esta si que si tiene que ser la definitiva, lo presiento!— Pero aquella mañana tampoco acudió nadie a la cita. Martín desesperado tirándose de los pelos se volvió a casa, pero la cosa no acabó ahí. Cada día a la misma hora el mensaje seguía repitiéndose y Martín siguió bajando durante meses a la misma hora a aquella maldita esquina, pero nunca aparecía nadie. Ya no podía mas, estaba desesperado, necesitaba lo suyo. Ya ni siquiera se arreglaba para bajar, bajaba en pijama obsesionado con que apareciera aquel hombre con su gran oportunidad entre las manos. Martín no cesaba y aunque al tiempo dejo de recibir la llamada, el siguió bajando un día y otro y otro y otro, para a ver si de algún sitio le llegaba alguna señal, pero nada! Martín empezó a enloquecer y su cabeza solo le repetía una y otra vez la misma frase; —tiene que sonar la flauta! tiene que sonar la flauta!! tiene que sonar la flauta!!!, no pierdas la esperanza!!!!—Hasta que un día una luz bajo de el cielo hasta aquella esquina, donde Martín llevaba años esperando su momento y frente a su cara atónita la luz le pregunto;

     —Eres tu, el que lleva tanto tiempo esperando a que suene la flauta?

     —Si! soy yo!!—Respondió Martín entusiasmado.

     Pero… Soplaste?

Por Ander García Martinez

a ver si suena la flauta

[:eu]

     Sonó el teléfono… Martín recibió la llamada:

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar…—colgaron.

     Martín se empezó a poner muy nervioso. Llevaba tanto tiempo esperando el momento. No se lo podía creer. El aire olía a promesa. Cruzaba el salón de un lado a otro impaciente pensando en ello. Miraba por la ventana una y otra vez inquieto deseando que llegará la hora. Su mirada llena de ansiedad ya no podía contenerse mas. Esta ves si… tenía que sonar la flauta.

     Al día siguiente Martín bajo al bar a las 10:00 y se puso en la esquina a esperar cruzando los dedos y pensando;

     —Siento que esta a punto de llegar la oportunidad de mi vida, la suerte esta de mi parte. La voz de el mensaje parecía tan sincera. He confiado tantas noches en ello. Venga joder venga! A ver si  suena la flauta!

     Pero después de esperar varias horas, nadie acudió a aquella esquina frente al bar, donde Martín esperó pensando que aquella mañana por fin le iba a llegar lo que buscaba. Martín se volvió a casa desesperado y enfadado, pero un pequeño rayo de esperanza le decía que algún día de aquellos, sería “su día”

     Al día siguiente volvió a sonar el teléfono y recibió el mismo mensaje;

     —Mañana a las 10:00 en la esquina de el bar—

     Martín volvió a bajar excitado y con paso ligero, mirando al frente y pensando; —esta si que si tiene que ser la definitiva, lo presiento!— Pero aquella mañana tampoco acudió nadie a la cita. Martín desesperado tirándose de los pelos se volvió a casa, pero la cosa no acabó ahí. Cada día a la misma hora el mensaje seguía repitiéndose y Martín siguió bajando durante meses a la misma hora a aquella maldita esquina, pero nunca aparecía nadie. Ya no podía mas, estaba desesperado, necesitaba lo suyo. Ya ni siquiera se arreglaba para bajar, bajaba en pijama obsesionado con que apareciera aquel hombre con su gran oportunidad entre las manos. Martín no cesaba y aunque al tiempo dejo de recibir la llamada, el siguió bajando un día y otro y otro y otro, para a ver si de algún sitio le llegaba alguna señal, pero nada! Martín empezó a enloquecer y su cabeza solo le repetía una y otra vez la misma frase; —tiene que sonar la flauta! tiene que sonar la flauta!! tiene que sonar la flauta!!!, no pierdas la esperanza!!!!—Hasta que un día una luz bajo de el cielo hasta aquella esquina, donde Martín llevaba años esperando su momento y frente a su cara atónita la luz le pregunto;

     —Eres tu, el que lleva tanto tiempo esperando a que suene la flauta?

     —Si! soy yo!!—Respondió Martín entusiasmado.

     Pero… Soplaste?

Por Ander García Martinez

a ver si suena la flauta

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