El bolígrafo mágico

Cuando era pequeño siempre pensé que podía mover objetos con la mente, que tenía poderes mágicos. Solía sentarme en el escritorio de mi habitación y cuando me quedaba solo, me ponía un bolígrafo justo en frente en medio de la mesa y comenzaba con el hechizo… Me quedaba mirándolo fijamente y entonces empezaba a reunir todas las fuerzas del mas allá…

—Muévete, muévete!—Pensaba mientras hacia cosas raras con las manos alrededor del “boli” sin tocarlo…

—Muévete, vamos muévete!—Me decía por dentro mientras  clavaba la mirada en el con toda mi fe…

—Muévete! se que puedo hacerlo, venga muévete solo un poquito. Dame una señal de que es cierto, de que soy capaz de mover objetos con la mente.

Pero después de mirar el bolígrafo 10 minutos seguidos… este seguía allí, quieto en medio de la mesa.

El otro día…

Estaba en la inopia (como de costumbre) fijándome en mis cosas, dando vueltas por el centro comercia,l cuando de repente lo vi claro. En aquel instante, llevado por una extraña atracción, sin pensármelo cogí y salí corriendo de aquel mundo artificial. Corrí hasta la parada del autobús, este me llevó hasta la parada del metro, bajé las escaleras empujando a la gente como si me fuera la vida en ello,  salté el pase no había tiempo que perder, entré por las puertas del metro justo cuando estaban a punto de cerrarse, me llevó hasta la plaza Cataluña que es donde vivo, me bajé del vagón, subí las escaleras, corrí los cien metros que había hasta mi portal,  subí hasta mi piso sorteando los escalones de tres en tres,  metí la llave en la cerradura, la giré, entré, y cogí mi bolígrafo para escribir esto que estoy contando ahora.

 

Por Ander García Martinez

El bolígrafo mágico

 

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