Esperanza

Un hombre

esperando sentado

mirando al cielo…

no puede llamarse esperanza

se ha de llamar por su nombre;

Resignación.

Por Ander García Martinez

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Louise

Louise siempre estaba mal humorado. Tenia las marcas de la tristeza tan marcadas en el rostro que no recordaba la última vez que sonrió. Bajo de casa y se encontró con un viejo amigo que pedía en la calle, pero el sabía que aquel hombre había abandonado su trabajo. Hizo un ademán de meterse la mano en el bolsillo para coger el monedero pero decidió seguir su camino mientras aquel tipo con su cartel de cartón le rogaba caridad.

Louise no tenia a donde ir pero se subió al autobús, solo quedaba un sitio libre, se sentó. A los pocos segundos entro un chico 20 años mas joven que el pero se le notaba fatigado. Louise con su cadera recién operada le cedió el sitio. Los demás pasajeros mayores le miraban con rencor por si aquel gesto les obligara a hacer lo mismo.

Cuando entró en un bar se encontró con un comensal que estaba siendo grosero, abusando del camarero. Resulta que el comensal seguía viviendo en casa de sus padres con 40 años y su madre le ponía la comida en la mesa todos los dias. Dejo una buena propina a nombre del camarero sin decir quien era.

Louise estaba tranquilamente leyendo en el parque, unos jóvenes empezaron a jugar con una pelota molestándole, Louise cerró el libro se levantó y se marchó, sabiendo que lo mas importante era escoger su paz por encima de todo. Antes de ello dejo una nota sobre el banco. “Detrás de este parque hay otro mas grande donde jugareis mejor” los niños sonrieron, aunque el no estaba para verlo. Louise subió a casa. Su boca no sabía moverse hacia arriba, las marcas de la tristeza ahondaban aún mas, pero el reflejo de su mirada en el espejo lo decía todo.

Louise

Por Ander García Martinez

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“ELLA… LA HIPOCRESíA”

“ELLA LA HIPOCRESÍA”

Podría embellecer o manipular cualquier acto aquí, dentro de estas páginas. Pero que seria de mi, si mi relato no fuera el que debe ser y solo fuera el que se pretende. Si estas confesiones estuvieran acompañadas de ese infiltrado de sonrisa inventada que duda en saludarnos apartando la mirada, extendiendo una mano floja para un saludo flácido que ni siquiera espera ser correspondido ni devuelto. Todo este universo desaparecería solo con que se presentara una décima de segundo.

Si, hablo de ella… La hipocresía. Esa pobre desgraciada que se esconde en un bosque sin árboles, creyéndose oculta. Esa rastrera que intenta vestir a la conciencia con un disfraz que nunca encaja ni coincide y que jamas lo hará. Que seria de mi si no condenara a mi propia hipocresía en primer lugar. Aun así, la funcionalidad cerebral humana contiene la hipocresía de por si, como contiene memoria o capacidad de aprendizaje y es imposible escapar de ella del todo. Viaja con nosotros en todo momento, cual luces del cartel de un 24h o las urgencias de un hospital. Solo la vencerás cada vez que luches con ella, después volverá a estar intacta como si no te hubiera conocido. Todas las veces que consigas esquivarla y arrebatarle un pedazo, imponiéndole tu verdad y honestidad, ya son dignas de elogio. Aun así siempre me recuerdo; ella no descansa ni descansara.

Pero mi lado sincero… tampoco duerme.

Por Ander Garcia Martinez

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