20 euros

En una de mis múltiples mudanzas, tenía que llevar a mi nuevo domicilio dos cajas muy pesadas con la mayoría de mis objetos personales; libros, cuadernos, etc…

Tenía que llevar las dos cajas enbaladas desde una punta de la ciudad a la otra. En un principio pensé en coger un taxi y gastarme 20 euros pero preferí ahorrarme el dinero y me pareció más adecuado conseguir un carro con ruedas (de esos que usan los transportistas) y cargar yo con las cajas hasta una parada de metro que me acercara a mi nuevo estudio.

Cuando llegué a mi antigua dirección, busqué por los alrededores un comercio o un supermercado en el cual pudiera pedir, este gran invento de la humanidad con ruedas, para no destrozarte la espalda.

Cuando llevaba un tiempo buscando, me fijé en una tienda de esas que venden productos naturales a peso (granos, especias) en la cual disponían de un carro perfecto para solucionar mi problema. Me acerqué y entré en la tienda para ver si me lo podían dejar. Al principio la chica que atendía y la única responsable que se  encontraba tras el mostrador me pareció una persona bastante reservada y poco dispuesta a ceder en nada. Hablé con ella…

—Hola, buenos días. Miré tengo un problema. Me estoy mudando de piso y necesitaría el carro que tienen en la entrada por una hora o así, para llevar las dos últimas dos cajas que me quedan del traslado.

La chica en un principio se mostró distante y me dijo que el carro costaba mucho y que ella no era la dueña de la tienda, que le suponía una gran responsabilidad debido a que lo necesitaban a diario para mover los sacos de producto. Entonces supuse que debía hacer que ella se fiara de mí ya que por supuesto yo no tenía ninguna mala intención. Me dejé de protocolos y la traté de “tu” para no parecer más distante todavía…

—Mira, si te parece mientras me lo llevo, para que veas que soy alguien de fiar te dejo mi carnet de identidad y 20 euros como fianza por hacerme el favor.

Por su mirada de reojo parecía que no estaba del todo convencida pero al final ante mi cara de perro abandonado bajo la lluvia cedió. Cedió, pero no me dijo otra cosa…

—Espero que no le pasa nada al carro y me lo devuelvas en perfecto estado, cuesta más de 100 euros—Me recalcó.

—No te preocupes por nada, te lo devolveré tal y como está…

Cogí el carro, subí a mi antigua dirección y cargue las pesadas cajas en el. Después de tirar calle abajo, todo iba bien hasta que me di cuenta empujando el carro entré el gentío del metro, de que algo estaba empezando a fallar. Sentí que el carro, que en un principio parecía muy robusto, empezó a balancearse y a renquear sospechosamente hasta que me di cuenta… Una de las ruedas se había deshinchado por completo debido al peso que llevaba. Empecé a sudar pensando que las cosas se estaban dando a torcer y a ponerme nervioso entre la multitud apresurada del metro. La idea de tardar demasiado en devolver el carro me comía por dentro. Pensé—bueno cuando deje las cajas en casa, hincho la rueda, se lo devuelvo y listo—

Me costó bastante el mero hecho de llegar a casa sin que la rueda se reventara , sujetando a pulso el carro de lado para que esta no sufriera. Por fin llegue a casa, dejé las cajas y decidí buscar un sitio donde me hincharan la rueda. Ya más desahogado con el carro vacío, me acerqué a un “rent a bike” que había justo al lado de mi nuevo portal.

—Perdona, me podrías hinchar la rueda que se me ha deshinchado?

—Claro! como no…

Hinchamos la rueda pero para mi desgracia a los 10 segundos me di cuenta de que esta volvía a estar igual… pinchada. Empecé a ver la cara de la chica y a acordarme de todo lo que habíamos hablado. Lo único “positivo” era que, cuando salí de la tienda de bicis, me percaté de que la rueda al estar el carro sin peso, tampoco se notaba demasiado que la rueda estaba pinchada…

Antes de llegar a la tienda de la chica, me encontré con un transportista…

—Oiga perdone!

—Dime “macu

—No sabrás donde me pueden arreglar este pinchazo?

—Uuuyyy… estas ruedas de carro pequeñas son muy puñeteras y dudo que te la arreglen en ningún taller.

—Mierda! (con perdón) necesito arreglarla antes de devolver el carro a una tienda donde me lo han dejado y me están esperando!

—Mira yo te puedo decir dónde venden este tipo de ruedas, en…

Pero el sitio estaba muy lejos y no me daba tiempo.

—Vale, gracias!

Llegue a la tienda y pensé—bueno igual no se da cuenta—. Cuando entre en la tienda con el carro entre las manos la chica me sonrió agradecida pensando que volvía con él sano y salvo, y cuando lo coloqué de donde lo había cogido encima ella me dijo;

—Qué tal va? estupendo verdad… es un carro muy majo, a mi me va super bien…

—Bueno… si…

Al principio no dije nada y ella me devolvió los 20 euros y el carnet de identidad que le había dejado como fianza, pero antes de irme y a pesar de que lo había intentado disimular, sentía remordimientos porque aquella chica se había portado bien conmigo. Entonces rectifiqué y le dije;

—Oye mira… para serte sincero, la verdad es que he tenido un problemilla y la rueda de la derecha…

—Ah! no te preocupes… si, ya se, está un poco deshinchada… de vez en cuando la hincho y ya está, tu no te preocupes, te puedes ir tranquilo…

Al ver que ella no le daba importancia al asunto, le dí las gracias a la chica y me fui pensando que quizás, la situación no era tan grabe como pensaba. Pero al salir de la tienda y llevar unos metros recorridos un pensamiento no dejaba de rondarme en la cabeza;

“Si, la rueda le solía dar problemas pero yo no le he dicho la verdad. No le he dicho que la rueda estaba pinchada por mi culpa y tarde o temprano se va a dar cuenta”

Entonces pensé que; qué menos que volver, darle 5 euros para que arreglase el pinchazo y disculparme. Según me acercaba otra vez a la tienda de la chica para quitarme aquel mal sabor de conciencia, vi un bazar chino y me acordé de que tenía que comprar una cuchara de palo para la cocina. Entre…

—Perdone, tiene cucharas de palo?

—Si, al fondo a la “delecha

En los bazares chinos parece que todo está siempre al fondo a la “delecha“… entonces… qué hay en la entrada?

Entre todos los cachivaches encontré las cucharas de palo y de pronto cosas del destino, justo debajo de ellas vi una rueda de carro de repuesto exactamente igual que la que había pinchado. Me dije; esto es una señal… y las señales no se dan muy a menudo.

—Señora, cuánto vale la rueda?

—Rueda y “cuchala” 20 “eulo

Volví corriendo a la tienda de la chica, ya no podía seguir sintiéndome mal. Entre…

—Hola guapa!

—Hombre! cómo tu por aquí otra vez?

—Pues mira… sabes que pasa, que antes no te he dicho toda la verdad, porque con el peso de mis cajas la rueda se ha pinchado.

—Ah! bueno… no te preocupes, solo es un carro, ya lo arreglará mi jefe…

—Bueno, pues solo será un carro pero yo te he traído la rueda.

—No te puedo creer que te hayas molestado…

—No ha sido ninguna molestia, a sido todo un placer.

Y la chica me dio dos besos emocionada mientras sentí al mirarnos que se nos iluminaba la mirada…

En resumen; ayudé a aquella chica en cierta forma, porque aquella vieja rueda que tenía no iba a tardar en darle problemas, lleve mis cajas, me llevé dos besos muy especiales y una vez más me di cuenta de que;

Sentir el alma libre y respirar el aire del bien… no tiene precio.

 

Por Ander García Martinez

 

20 euros

 

 

 

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Un comentario

  1. Y si además ligas, pues mejor. :-P

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