Necesito ayuda

Alguien me puede decir que hacer si tus entradas no aparecen en el buscador ni el lector de entradas de WordPress.com. Gracias

Share Button

Antes de empezar

muy-importante

Share Button

La recompensa

la-recompensa

Share Button

Dhalia

Espero que algún día, lo que hace que estas lineas surjan pague mis facturas. Pero hasta entonces…

Estaba trabajando en la tienda. Una modesta “boutique” llena de encanto (de esas que se niegan a ser engullidas por las grandes superficies) cubriendo mi puesto de trabajo cara al público, cuando de pronto… escuché una voz a mis espaldas en un tono agradable y extranjero;

—Hola… buenas tardes.

Me giré, y me di cuenta de que algo en el aire ya me había unido a ella antes de hacerlo…

—Buenas tardes señorita…—Contesté todavía intentando averiguar, qué era aquello que me acababa de rozar el alma…

Mientras le atendía sintiéndome cada vez más cerca de ella, pude denotar, que aparte de las compras que realizó, aquellas prendas eran lo menos relevante en aquel encuentro. Nos dirigimos a la caja para el correspondiente cobro y cuando levanté la mirada para decirle el importe… sus ojos me cautivaron al instante. Era una mirada enigmática llena de paz y humanidad (de esas que cada vez se ven menos, sobre todo en las grandes ciudades) limpia como un diamante o el agua por dentro. Una mirada que al verla, encendió algo mágico y extraordinario a nuestro alrededor convirtiendo en un segundo mi lugar de trabajo, en un lugar nuevo, sorprendente y desconocido. Podía sentir su alma pura y bella a través de sus pupilas sinceras. Una conexión que me enseñó directamente las puertas de su corazón.

Todavía con el pecho lleno de campanillas, cuando fui capaz de mediar palabra le pregunté…

—Cómo te llamas?

—Me llamo Dhalia…

Y lo siguiente que dijo, me confirmó lo que yo estaba sintiendo… con una expresión de que ella también estaba sorprendida de las palabras que estaban a punto de salir de su boca y como si se lo estuviera preguntando, dejó la frase en el aire…

—Los encuentros siempre suceden por algo… verdad…

En aquel momento, comprendí que el destino había movido sus hilos por algo, por algo que ni me imaginaba…

—De dónde eres?—Le pregunté mientras seguía disfrutando de su presencia.

—Soy de California.

Y antes de hacerle más preguntas, me acordé de algo que siempre intento no olvidar; “Cuando ves una estrella pasar cerca de ti, nunca la dejes escapar y abraza su luz…” fui al grano…

—Te gustaría que quedáramos un día de estos para dar una vuelta?

—Si, me encantaría…

Sin dejar escapar aquella oportunidad, le apunté mi teléfono en el ticket de compra y se lo insinué con una sonrisa cómplice, mientras metía el ticket en la bolsa. Despidiéndose simpática, ella salió de la tienda pero su belleza interior y exterior se quedó flotando delante de mí frente al mostrador, y mientras contemplaba aquella su esencia, todavía lleno de mariposas y con cara de alelado, me vino mi jefe y me dijo;

—Le habrás pedido el teléfono?

—No, le he apuntado el mío en el ticket y se lo he metido en la bolsa…

Y él, que a parte de amigo y gran persona como experto en la materia de la galantería me dijo exaltado;

—Pero cómo no le has cogido el suyo. Recuerda que ella es “La mujer” y tu solo un hombre. Nunca pongas a una dama en la tesitura incomoda de de tener que llamarte ella. Somos nosotros los que debemos dar el paso… siempre. Qué clase de caballero estas hecho!

Al escucharle sin pensármelo salí de la tienda corriendo, miré hacia los lados pero ya no la vi. Menos mal que el destino se había encargado de que no se alejara mucho y estaba en el comercio de al lado, le di mi teléfono y aseguré nuestra próxima cita. Y ya, más tranquilo, me volví a la tienda mientras mis compañeras me miraban expectantes, con esa sensación de que ni Dhalia ni yo, jamás podríamos haber evitado aquel encuentro. Aquel encuentro… que guardaba un gran secreto.

Al día siguiente… me senté en la sala de espera de la recepción de su hotel. Puntual como siempre. (Nunca sabes si la oportunidad de tu vida se cansó “aquel día” de esperarte…). Se abrieron las puertas del ascensor y allí apareció ante mis ojos con su mirada angelical y su lindo cuerpecito coqueto lleno de vitalidad, vestida en diferentes tonos azules, mi color preferido.

Nos fuimos a caminar por los lugares que más me han influenciado de Barcelona, y mientras yo me empapaba de lo que su alma guardaba y compartíamos nuestra situación en la vida, sin saber porqué, de pronto sentí una inmensa responsabilidad de transmitirle toda la información que residía en mi interior. Todo… hasta lo más profundo. Compartimos creencias, historias, anécdotas, filosofía, sueños y espiritualidad. Era una chica muy culta y sensible, antes que sus palabras me lo decían sus ojos. La llevé al arco del triunfo un lugar que siempre me inspira positivamente y mientras disfrutábamos de su estructura, contemplando sus ángeles tallados en lo alto, su discurso se volvió triste y sentí un dolor en su alma. Alertado por ello nos sentamos en un banco y le pedí que me contara lo que le pasaba, para ver si le podía dar algún consejo, a la vez que yo con su testimonio aclaraba mis dudas personales. Me habló de una situación difícil. De una habitación oscura dentro de su alma en la que al fondo veía una pequeña llamita imperceptible, pero que no sabía cómo llegar hasta ella… Entonces me preguntó;

—Tu eres escritor verdad?

Y le contesté…

—Si, yo escribo… (Prefiero decir que escribo, por que uno es lo que hace, no lo que dice ser)

Y ella me dijo con una mirada plena de un deseo incontenible…

—Pues yo necesito escribir un libro y no se cómo hacerlo, no he escrito nunca…

Resulta que Dhalia, venía de buscar influencias por todo el mundo. Había estado en Chile, en Israel, en Francia y en muchos más lugares y en ellos siempre se había encontrado con escritores sin buscarlos. (Cuando uno persigue algo en la vida, la vida te lo acerca), y terminó solo sabe dios cómo, intuyendo aquella faceta en mí, y por eso estábamos los dos sentados en aquel banco sincerándonos el uno al otro.

Cuando tuve claro lo que necesitaba, y como el tiempo era un tanto desapacible, la invité a tomar algo caliente en una cafetería que teníamos al lado. Durante una hora, mediante la palabra, un bolígrafo y papel, intenté efusiva y de forma innata transmitirle todo aquello que la experiencia me había aportado en lo que llevo pulsando teclas y respirando. Las formas de cómo empecé. Los pensamientos que me llevaron a buenos puertos. Las tablas para ordenar lo que quieres contar. Los inconvenientes que se podía encontrar y como superarlos. Los croquis de las tácticas que me llevaron a resolver problemas que veía imposibles. Cualquier teoría que la pudiera acercar a su deseo. Todo lo que mi mente recordara que la pudiera ayudar. Mientras lo hacía de vez en cuando le daba la mano para darle energía al mismo tiempo. Sentí que todo lo que le pudiera ofrecer nunca sería suficiente.

Y después de compartir toda la mañana juntos y de disfrutar de aquel maravilloso encuentro, llegué a la conclusión de que… Dhalia era una mujer excelente, enigmática y especial. Con una dulzura que te bañaba por completo, luchadora, viajando sola por el mundo en busca de su verdad. Con un deseo en la mirada que superaba cualquier límite. Un afán por encontrar aquello que le faltaba, por saber cómo podía dejar su experiencia plasmada entre las páginas llevada por un impulso incontenible. Sin esperar nada de nadie y dando todo a cambio. Acompañada de una fortaleza y una fe que sin duda le hará seguir adelante y salir de cualquier problema, porque lo que más me sorprendió fue que durante todo el encuentro, no perdió ni un instante la sonrisa, a pesar de confesarme que tenía un cáncer.

Te quiero Dhalia… el siguiente café… leeremos juntos el principio de tu libro…

dhali-454183_1280

 

Por Ander García Martinez.

 

 

 

Share Button